
Del latín movimiento, esta fuente de desasosiegos y persecuciones sin fin se nos presenta como: “EL DESEO MAS PERSEGUIDO Y EL PROBLEMA MAS ACUCIANTE”.
¿Qué es lo que realmente perseguimos cuando trabajamos, nos casamos, realizamos un proyecto…? ¿Cuál es el fin último?
Sentir una buena emoción.. ¿Cierto?
Es decir, que son ellas a las que perseguimos, pero que nos persiguen. Son ellas a las que queremos elegir y establecer cómo fijas, pero se nos escurren, y al final hacen con nosotros lo que quieren.
¿Por qué es así? Sencillamente porque las perseguimos. Las situamos al final de un camino, como meta. Y eso hace que el YO pueda poner mil trampas por el camino, incluida la terrible trampa de usar esas mismas emociones para desviarnos del camino, en el punto que sea.
Y eso nos coloca en la posición del burro persiguiendo una zanahoria que pende de una caña situada a nuestra espalda, totalmente convencid@s de que lo que nos traerá esa emoción que queremos lograr establecer está fuera de nosotros, y no dentro.
Así que nos pasamos la vida en un tremendo esfuerzo para alcanzar un proyecto de fuera, y esperando a que se cumpla para, por fin, sentir esa emoción.
Tremendo error.
Lo adecuado es sentir la emoción de primeras, y usarla como combustible para llegar a construir algo en lo real, que haga que esa emoción permanezca sin esfuerzo.
